Aventura en los Himalayas indios (parte II)

Aventura en los Himalayas indios (parte II)

Desde el año 2016, con el fin de preservar el lugar y controlar la polución, es necesario un permiso para acceder al Rohtang Pass. El permiso lo emite el gobierno de Himachal Pradesh, que solo accede al paso de 800 vehículos de gasolina y 400 diésel al día.

Los coches de más de 10 años  tienen prohibido el paso y los martes toca día de mantenimiento por lo que el paso de vehículos no está permitido.

Nuestra llegada a Keylong es ya avanzada la tarde, demasiados vadeos en el camino y un buen paseo por Manali y Old Manali, con sus cafeterías al borde del rio, el templo Manu y las ruinas de la fortaleza Manaligarh, nos han hecho retrasarnos un poco, pero teníamos que hacerlo. Es un lugar muy tranquilo, que expira paz y amor y del que te cuesta arrancarte. Muy hippie.

También entregamos unos buenos minutos de nuestro tiempo de hoy al “avituallamiento” de las Srtas. Lo cierto es que en dos horas desmontaron las motos casi por completo para limpiarlas a fondo, cambiar discos de embrague, como ya dijimos, aceites, transmisión, dirección, etc.

Llegamos tarde si, pero no quita para que después de una reconfortante ducha nos demos una vuelta por este pequeño pueblo de alta montaña buscando algo para cenar. Momos quizás?

Por cierto, esta cena la hacemos con Nacho. Recordáis que os dije que nos lo encontramos por pura casualidad aquí?

Pues va a ser que hoy batimos record de hora, nos levantamos a las 05:00 am. Es posiblemente uno de los días más duros de este viaje, al menos sobre el mapa. Esperemos que la madre la naturaleza y algún que otro amigo indio nos echen una mano.

Tenemos 500 km por delante y ya sabéis que aquí no se tarda lo mismo. Creemos que en 10 horas podremos cubrir este trayecto. Pues nada, manos a la obra.

Hace frío, todavía es pronto y el sol todavía no ha asomado, apenas hay luz.

Comenzamos con buen asfalto aunque aún más plagado de vacas, símbolo aquí de la fecundidad y maternidad. La presencia de estos animales, para ellos sagrados, se hace notar en  todos los lugares que podáis imaginar, calles, carreteras, locales, etc. Ellos mismos las miman y alimentan. La verdad es que son muy poco molestas.

Entre vaca y vaca llegamos al poblado Zing Zing Bar, que en realidad es un pueblo creado por y para la gente que se gana la vida con el mantenimiento de las carreteras, aquí la principal fuente de ingresos, si se le puede llamar así, principal medio de vida. La gran mayoría de las mujeres trabajan picando la piedra, reduciéndola a grava a base de martillazos, en numerosas ocasiones con su hijo atado a la espalda. Si este es  lo suficientemente mayor, 6 o 7 años, ayudará a picar también. Los hombres trabajan en las carreteras recomponiendo los constantes derrumbamientos de la montaña sobre los caminos y calzadas, retirando rocas, taladrando las paredes para modificarla y luchando cuerpo a cuerpo con las fuerzas más despiadadas de la naturaleza. Todo esto en un clima de polvo finísimo, ya comentamos que muy similar al fesfés africano, y de humo negro que expulsan los gigantes y antiguos camiones mientras pasan practicando el ya mencionado Blowing horn. Ya sabéis, tocando el claxon.

Estas moles de hierro siempre circulan por el medio de lo que sea, pista, carretera, camino y esperan a que tu les pites para apartarse. Es un método súper estresante pero en carreteras tan estrechas y con tan poca visibilidad como estas, funciona.

Bien, nos perdemos. No lo hicimos en este fascinante viaje y parece que ahora lo hacemos entre estas letras.

La llegada al poblado de Zing Zing Bar nos abre el apetito, recordad que salimos a las 05:00 de la mañana y allí no estaba ni “Perri Mason” para servirnos un café. Esta parada, además de permitirnos desayunar algo, nos brinda la oportunidad de presentar al equipo a una gran mujer y a su adorable familia, Mamá Himalaya. Regenta el bar de este poblado, cuando digo bar me refiero a unos cuantos postes de madera bien forrados con plástico por los laterales y con un buen tejado en cuña para resistir la lluvia y la nieve. Pues allí esta Mamá Himalaya aprovisionando de comida y bebida a los trabajadores de las carreteras.

Gran y simpática mujer que nos deleita con uno de los desayunos más ricos de todo el viaje, también es cierto que llegamos con hambre, desde las 05:00 de la mañana, porque solo son dos huevos fritos con la yema muy blanca por la altitud, pero muy ricos. Cuando salimos a ver como están las gallinas que los ponen entendemos un poco más lo del color, hace mucho frio y las gallinas no están para bromas.

Un rato distendido charlando con esta magnífica mujer y su familia y decidimos continuar. Un momento, han llegado 3 motoristas indios y quieren a toda costa hacerse una fotos en el bar con nosotros ¡Por supuesto que sí!

Dejamos atrás este curioso poblado comenzando con la coronación de algunas de las más importantes crestas del viaje, como la Baralacha La, a 4.890 metros de altitud. Continuamos con pequeños y muy numerosos puertos, intercambiando zonas asfaltadas con pistas mientras llegamos al campamento de Sarchu, donde decidimos parar un rato antes de continuar hasta nuestra siguiente cresta, Lachunlung a 5.059 metros.

La velocidad media que empleamos en todos estos puertos no supera la mayoría de las veces los 40/50 kilómetros hora. Vamos entre paredes de hielo de hasta 4 metros de altura, con camiones que solo caben ellos y por tramos de carretera con placas de hielo que parecen los cristales del Oceanográfic de Valencia puestos en el suelo.

Desde este punto descendemos un poco hasta llegar al pueblo de Pang, otro poblado clave donde parar después del vaivén de curvas y las enormes paredes de nieve con sus pavimentos helados. Un té nos vendrá muy bien para seguir con la ascensión y comprobar que nuestras amigas ya no explosionan igual, les cuesta mucho y la perdida de potencia se hace notar. Llegamos a Taglang La 5.328 metros y segundo paso más alto del mundo. No es de extrañar que las Srtas. sientan ciertos sofocos, nosotros  también.

Comenzamos a descender levemente por un valle de puro disfrute sobre la moto que nos abre las puertas a Leh, ciudad situada a 3.650 metros, antigua capital de Ladakh en los Himalayas, que se encargará de darnos cobijo durante dos noches. Mañana no habrá que meter todo lo que hemos sacado de las bolsas estancas y atarlas en los soportes laterales ¡Bien! De pequeñas cosas como estas se compone la felicidad de un hombre. Jejeje

Nuestra llegada a Leh nos lleva a constantes cruces con tibetanos, monjes, musulmanes, burros y vacas. Una mezcla de India, Tibet y recuerdos de Asia Central se mezclan en nuestros ojos.

El día de hoy ha sido extremadamente duro y dejamos un poco de esta preciosa ciudad para mañana, que ya sabéis que hay que levantarse a las…pues no!!! Mañana no madrugamos. A las 09:00 será buena hora. Además, tampoco tendremos que cargar nuestras motos.

Hoy nos preparamos para el paso tibetano, así llaman al paso transitado más elevado y bestial del mundo, Khardung La, a casi 5.600 metros sobre el nivel del mar.

60 km de curvas y más curvas combinados con paisajes de gran belleza que irán anticipando la experiencia que nos espera. Después de hora y pico subiendo llegaremos a este paso. Esto hay que verlo amigos. Contándolo no os acercamos apenas a la realidad de este lugar.

Durante la Segunda Guerra Mundial hubo un intento de transferir material de guerra a China a través de esta ruta, pero debido al mal estado y las fuertes nevadas fue imposible conducir los grandes vehículos pesados por estos empedrados y peligrosos caminos.

Históricamente Khardung La se encontraba en la ruta principal de caravanas que une Leh con Kashgar en Asia Central

Los primeros 24 km, por lo que respecta al Sur donde está el primer punto de control, están pavimentados. Desde allí hacia el norte de Pullu la carretera es principalmente de rocas sueltas, suciedad, arroyos y nieve que se derrite, creando un paso difícil de franquear, que en lo largo de su historia ha producido innumerables muertes por accidentes.

En nuestro descenso pasamos a visitar las ruinas del Palacio de Leh y así poder divisar desde allí la gran belleza de este valle, lugar en el que también aprovechamos para hacer girar una rueda de plegarias. Método rápido para el que le guste rezar. Giras y es como si lo hicieras.

Una rica cena en Leh comentando todos los lances del viaje va poniendo fin a esta inolvidable aventura en moto.

El día de hoy es distinto y el grupo se relaja paseando y comprando algunos recuerdos por Leh.

Mires hacia donde mires desde casi cualquier zona de esta ciudad verás montañas y más montañas. Algunos de los miradores más espectaculares están en las alturas, donde siempre hay algún palacio, castillo o templo.

Ya sabéis que el mono de moto no se quita tan fácilmente, y volvemos a cogerlas para trazar las últimas curvas de este viaje hacia el rio Zanskar y así contemplar como descienden, desde la lejanía, numerosos turistas encaramados a sus neumáticas, remando como locos para no acabar estrellados contra alguna roca. No es que tuviéramos especial interés en ver semejante espectáculo pero es una buena excusa para seguir cabalgando sobre nuestras máquinas.

Esta noche toca despedirnos de unas compañeras que nos han transportado y acompañado por casi 1.300 kilómetros de belleza pocas veces superable, carreteras que parecían pintadas en un cuento,  pistas de barro, heladas y vadéos más propios del enduro que de estas modestas inglesas de nacimiento.

Srtas:

Nuestrass más sinceras felicitaciones por su comportamiento, resistencia y por habernos hecho tan felices en esta inolvidable aventura.

Y como no, felicidades también a ese pedazo de equipo, ya amigos para siempre, que sin su destreza, talante en momentos complicados, compañerismo y tolerancia, este viaje no hubiera salido tan “redondo” y divertido.

¡¡¡Hasta muy pronto!!!

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