Aventura en los Himalayas indios (parte I)

Aventura en los Himalayas indios (parte I)

De 220 a 5.600 en 10 días. Parece una prueba de aceleración pero no, es la divertida montaña rusa en la que nos subimos con un equipazo de clientes, ya amigos, para recorrer en moto la cordillera más alta de la tierra, los Himalayas.

Este es uno de esos viajes en moto que no olvidas jamás y que te llevas para siempre en tú mochila.

Viaje duro en el que luchas contra la naturaleza, tu resistencia física y conductores a los que no les gusta ir por su carril. Y viaje también en el que el trabajo en equipo es fundamental porque “se aúnan las aptitudes, se potencian los esfuerzos, disminuye el tiempo invertido y aumenta la eficacia de los resultados”. Esta frase no es nuestra pero, está muy en lo cierto.

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Una de las mil cuestiones previas a resolver en estos viajes es el tipo de moto a elegir. Podemos hacerlo con una Himalayan 400cc, aparentemente más cómoda, que te permite ir de pie  y de aspecto mucho más campero, o una Bullet 350cc o 500cc, de postura mas retro y “rara” si vas de pie, pero no más incómoda. Lo que sí es seguro es que la Bullet será una 500 cc. Necesitaremos esas prestaciones de más que nos ofrece este último motor. En esta ocasión el grupo que nos acompaña en esta aventura se decide en su totalidad por las Bullet 500cc. Grupo un tanto inusual, ya que en esta ocasión somos dos agencias especializadas en viajes de aventura las que nos unimos para el buen  desarrollo de esta gesta. Nuestro amigo Fran Pardo es quien nos introduce en estos mundos perdidos de Dios, un auténtico experto en la materia.

En nuestro caso la opción es una Himalayan 400cc y una Bullet 500cc. Nos las cambiamos cada dos días y así vivimos este viaje desde dos monturas muy distintas. He de decir que la Bullet sorprende de manera contundente.

Una horas de avión y llegamos a Nueva Delhi. Tomamos un taxi y alucinamos, eso es lo primero que hacemos. El tráfico en esta ciudad es una locura, por mucho que lo hayas oído, te lo hayan contado o lo hayas visto en algún documental de la 2, no puedes hacerte una idea real del caos en el que esta gente vive todos los días. Podríamos decir que la banda sonora para este film titulado  “Cuéntame como pasó” son los millones de claxon sin parar de sonar.

Un pequeño, poco estético, pero muy cómodo y funcional hotel nos abre sus puertas para oír el primer “Namaste” de este viaje. Vaya nochecita nos dio el ruido que hacía el ventilador del techo.

En este día comenzamos a familiarizarnos con uno de los mayores enemigos de los occidentales aquí, la comida. Si no quieres picante tendrás que limitarte a sobrevivir a base de roti o chapati. Pan de la India donde su preparación no incluye la levadura, muy bueno, por cierto. Al final te acostumbras, la gastronomía India es muy variada y muy rica también. La verdad es que el grupo lo lleva muy bien, tan solo un día de…contingencias en el que tuvimos que sugerir a Shandi, nuestro chofer, que lo mejor era parar cuanto antes en la cuneta.

La ruta a Chandigar en coche es de unas 4 horas pero, con los distintos “faxes” que algún malogrado estómago obligó a mandar con carácter urgente, tardamos un poco más, ya nos entendéis. 260 kilómetros que se hacen un poco más largos pero muy divertidos con nuestro amigo Shandi y todo lo que vamos contemplando por nuestras ventanillas. El bullicio y estrés de la ciudad quedan atrás a medida que vamos llegando a nuestro primer destino.

Hoy nos vamos a Kullu, asentada en un precioso valle cuyo nombre original significa “Final del mundo habitable”. Sugerente, ¿verdad?

En esta ciudad y en uno de sus bonitos hoteles de montaña recogemos nuestras preciosas máquinas. Como niños pequeños con juguetes nuevos las arrancamos y nos las llevamos a la gasolinera del pueblo a llenar el depósito y, como no, a probarlas. Buena sensación, agradable vibración, ese “tintineo”… sin duda este es el comienzo de una bonita amistad, como dijo Bogart.

Después de este chute de endorfinas, y aprovechando las mesas dispuestas en la terraza del hotel, hoy probamos la Kingfisher, excelente cerveza India que trabajan normalmente en formato de medio litro y que esta noche nos echará una mano para conciliar el sueño. El grupo está cansado, pero también muy nervioso y expectante.

06:30. El despertador empieza con su cantinela. Copioso desayuno, por lo que pueda pasar y a cargar las motos, que nos vamos. Los soportes laterales con los que están equipadas son capaces de albergar un buen número de kilos de carga. Todo queda preparado, atado con pulpos y guardado en bolsas estancas para afrontar el viaje, mejor dicho, para afrontar el día de hoy, ya que diariamente tenemos que desatar y descargar el equipaje para al menos lavarnos los dientes y cambiarnos de “muda”, como decía mi abuela. Este punto es uno de los que hemos decidido mejorar para próximos viajes. De aquí en adelante llevaremos un vehículo de apoyo para que las motos vayan ligeras de equipaje y éste, viajando resguardado y protejido en el interior del vehículo.

Llevamos también otros dos soportes en la parte trasera de la moto, uno a cada lado, que albergan sendos bidones de 5 litros, que llenaremos de gasolina más adelante para las etapas en las que las gasolineras, simplemente no existen.

De momento la carretera es buena y el recorrido bonito. Vamos siempre bordeando el rio Baspa, la primera parte de la ruta es de montaña, por una carretera entre bosques de pinos hasta llegar a Luhri, donde mejora el asfalto pero aumenta la cantidad de tráfico durante varios kilómetros. La verdad es que esto se nos olvida pronto porque a partir de aquí comenzamos a disfrutar de la conducción por las carreteras que discurren entre montañas.

Vamos dejando atrás el ruidoso rugir de motores de los antiguos y multi coloreados camiones cargados de mercancías que expulsan  humo negro como si de dragones afónicos se tratara y comenzamos a vislumbrar, al fondo, los majestuosos picos que comienzan a dejarse ver como diciendo “-Por aquí estamos”.

Los últimos kilómetros de la etapa son de ascenso por una carretera espectacular que parece esculpida a mano expresamente para las motos. El asfalto va desapareciendo de tanto en tanto y cada vez con más frecuencia hasta llevarnos al pueblo de Sangla, en un valle rodeado de montañas por encima de los 4.000 m de altitud, situado en el distrito de Kinnaur (Himachal Pradesh).

Hoy dormimos en un campamento. A esta altitud el mal de altura empieza a hacerse notar. Nada preocupante que no se arregle con una buena ducha caliente. Olvidamos comentar que en la jornada de hoy tuvimos que llevar puestos los trajes de agua durante gran parte del día, algo muy normal por estas zonas. ¿Nos habíamos quedado en la ducha caliente?, pues no habrá ducha, ni caliente ni fría. En estos pueblos y campamentos los cortes de luz son muy frecuentes y la dificultad para conseguir presión y calor en el agua también. Cenamos junto a una inmensa hoguera comentando la jornada del día siguiente y echando unas risas con otors moteros indios que estaban de ruta, en esta época hay muchos que vienen de todas partes del país con sus motos.

Seguiremos indicando la hora a la que suena el despertador, aunque prácticamente todos los días rondará la misma hora: las 06:30 AM. Las vistas que nos brinda este alojamiento al aire libre son impresionantes, escoltados por las altísimas montañas presididas por el gran Kinner Kailash de 6.050 metros de altitud, sagrado tanto para los hindúes como para los budistas Kinnauris. Estamos muy cerca del Tibet, su influencia inunda la atmosfera y algunas calles y paisajes también, por aquí ya comenzamos a ver gente con rasgos “achinados”.

Hoy dejamos la bonita Sangla para llegar hasta Tabo. Para ello tenemos que descender de esos 4.000 metros y llegar a Rekong Peo, a 2.290 m, donde solicitaremos los permisos para poder circular. Comenzamos a movernos por zona de máxima restricción militar, algo innegable después de ver los moles todoterreno de 6 ejes cargados de militares que se mueven por estas carreteras muy alejadas de lo convencional. Estos cacharros parecen estar pilotados por algún Toni Bou del campeonato del mundo de trial. En esta etapa surcamos, y en este caso podemos interpretar literalmente el verbo surcar, un cañón espectacular flanqueado por acantilados no aptos para gente con vértigo.

Los constantes cortes en las pistas sin asfaltar y carreteras que transitamos nos retrasan bastante, pero también nos permiten sacar nuestras cámaras de fotos e inmortalizar ciertos momentos y paisajes, por aquí hay muchos. Ejemplo viviente de esto, es un individuo que aprovechaba los cortes por derrumbamientos y obras para vender palomitas y chuches entre todos los que allí estamos esperando, como si de un semáforo del Paseo de la Castellana en Madrid se tratara.

En esta etapa el predominio de los puentes es muy notable. Único invento para conseguir el constante cambio de un lado al otro de los inmensos cañones y montañas.  Puentes que seguramente hayáis visto alguna vez en libros documentales y películas, que parecen cargados de una magia que se desprende cuando los atraviesas con tu moto, escuchando el retemblar de sus traviesas de madera acompañadas por el suave baile de sus banderas de plegarias que esparcen sus colores por las montañas.

Puentes que en algunos casos también te hacen dudar de su resistencia cuando empiezan a balancearse como una comba gobernada por dos adolescentes, dejándote ver los cientos de metros de caída libre que tendrías con tu moto en caso de romperse.

Acompañamos durante un buen rato al nervioso y caudaloso rio Zanskar llevando esas aguas marrones removidas por su fuerza en la que transporta gran cantidad de sedimentos. En esta época del año, Julio, no es normal que haya tanto agua del deshielo pero ya sabéis… la triste historia del cambio climático.

A medida que vamos dejando a nuestro amigo Zanskar comenzamos a movernos por carreteras más complicadas que nos conducen a varios puertos de montaña, interminables subidas y bajadas donde exprimimos al máximo las excepcionales dotes de estas motos que se mueven como pez en el agua por estos variopintos y abruptos terrenos.

Nuevo cambio de paisaje, de verdad que cuando piensas que ya no es posible, aun es más espectacular que los anteriores. Comenzamos a adentrarnos en el insuperable entorno natural de Spiti Valley, también llamado “La tierra media”, la tierra entre el Tíbet y la India.

Nos despertamos pronto, ¡Qué raro! La cuidad de Tabo rodea un monasterio budista del que se dice tiene más de mil años. Este grupo tiene que verlo, así de paso montamos el espectáculo entre lugareños y turistas. La gente por allí está acostumbrada a ver motos, sobre todo Royal Enfield, pero no tan acostumbrada al occidental. -Seguro que nunca os sacaron tantas fotos, les decimos. Fran ya tiene experiencia moviéndose por estos lares y posa como quinceañera Instagrammer.

¡Oops! Fran no es la de la foto. Esta chica es una de los innumerables curiosos que, atraídos por nuestras máquinas y la cantidad de m… que llevamos encima, no paran de utilizarnos como atrezo en sus recuerdos.

¡Nos vamos! Kaza nos espera. Nos separan tan solo 50 km, pero estando en el valle más impresionante de los Himalayas. Nos apresuramos a dejar deprisa y corriendo nuestro equipaje en el hotel para dedicar el día a recorrer una de las etapas más espectaculares de todo el viaje. Pistas desérticas, algún que otro rebaño de Yaks, excepcional su queso, por cierto, acantilados catalogados como unos de los más peligrosos del mundo y la guinda a este dulce pastel, la visita a Komic, el pueblo más alto del mundo a 4.567 m de altitud, lugar en el que nos metemos en una “pachanga” de futbol que están disputando unos chicos y en la que nos damos cuenta de lo acostumbrados que están a la altitud. ¡Qué asfixia!

Si pretendes abrir, sin que explote, un paquete de frutos secos por aquí, tendrás que bajar de altitud. Todos están inflados como balones a consecuencia del cambio de presión. ¡Parece una técnica de marketing y ventas para llamar la atención!

Continuamos con las Srtas. Enfield recorriendo este extenso valle adentrándonos en el Parque Nacional de Pin Valley. Mágico lugar para todo motorista que quiera disfrutar de un buen puñado de curvas y distintos terrenos de off-road y asfalto, un escenario difícil de encontrar en otra parte del mundo. El parque se extiende desde los 3.500 hasta los 6.000 metros de altitud en su punto más alto. Lamas, budistas y numerosos monasterios hacen acto de presencia en esta obra de arte de la madre naturaleza.

Las casi perpetuas nieves de este Parque Natural contribuyen a la formación del hábitat natural para un determinado número de animales en peligro, como el Leopardo de las Nieves y el Íbice Siberiano. Ver a estos últimos en estado natural hace que se te pongan los pelos de punta.

A nuestro regreso a Kaza nos encontramos con noticias no muy buenas y bastante frecuentes en viajes tan largos a tan inhóspitos lugares, la carretera a Chandra Taal Lake, nuestro próximo destino, está cortada por fuertes desprendimientos y aludes. Después de unas cuantas averiguaciones, conversaciones con otros motoristas que seguían nuestra misma ruta, nuestros guías locales, etc, no hay otra opción que esperar unos días en Kaza, que se estaba mejor que en brazos la verdad. Pueblecito pequeño, muy hippie y animado.

La otra opción era la de retroceder hacia Kullu. Esta ultima es la que más nos encajaba para evitar ese parón, a pesar de que eso de retroceder no mola ni para coger impulso. ¿Parados con todo lo que tenemos por ver en estos sitios? ¡No!

380 kilómetros nos separan de Kullu, que en circunstancias normales, otro país, clima, carreteras, etc, serian unas 5 horas, nosotros calculamos unas 8 o 9 horas.

¡Vámonos!

Recorremos kilómetros ya hechos anteriormente y, creedme esto que os digo, como si fuera todo nuevo. También es cierto que algo de ruta modificamos metiendo algún que otro tramo más complicado, si cabe, que a la ida. Es verdad que si no hacemos este tramo no hubiéramos conocido un monzón como el que nos atrapó, ni hubiéramos vuelto a ver a nuestro amigo, “el túnel”. Ya lo pasamos de camino a Chandigart,  pero íbamos en coche y era de día.

Después de que parte de la carretera se viera sumergida en el agua por la construcción de la presa de Larj, construyeron este túnel. Nos cuentan que no mucho tiempo atrás chocaron frontalmente un camión y un autocar, palabras que nos relajan enormemente, como podéis imaginar. Un túnel lleno lleno de polvo en suspensión, muy parecido al fesfés, ninguna luz en su interior, con vehículos, la mayoría de gran tonelaje, conduciendo por donde quieren sin respetar carril alguno, ni velocidades máximas, ni mínimas. Tienes que controlar mucho la velocidad, ni ir muy rápido, porque sencillamente no ves lo que tienes a 3 metros delante de ti, ni muy despacio porque te pitarán y pitarán como energúmenos para que les dejes pasar. Todo esto por la izquierda claro y mostrando siempre en la parte trasera de su mole, la omnipresente frase “BLOW HORN”, toca el claxon, deporte nacional en la India. Imaginaos la tensión en ese túnel.

Lo pasamos sin problemas. Si ese día echamos la primitiva…nos toca seguro.

Un poco cansados, y después de que Salman, mecánico que nos acompaña durante todo el viaje en su moto con esos soportes que os comentamos, cargados de recambios,  hiciera algún reajuste a las indestructibles Srtas., llegamos a aquel mágico lugar con una bonita terraza en el césped donde te servían Kingfisher de medio litro, ¿lo recordáis?

Otra noche soñando con los angelitos.

Volvemos a nuestro objetivo de hoy. Tenemos unas 6 horas por delante, 120 km, ya os dijimos que aquí no se miden las distancias como en la mayoría de los sitios. Además, hay que sumar la parada en Manali, nuestras Srtas. necesitan algunos reajustes, unos discos nuevos de embrague la Himlayan y un buen caldito caliente del mejor aceite, la Bullet. Y es en este pueblo donde nos esperan los compañeros mecánicos de Salman.

Después de este retroceso y de romper el bonito círculo trazado en el mapa que llevamos, nuestro objetivo de hoy es Keylong, sitio donde comer los mejores momos. El momo es una comida típica tibetana de harina de cebada rellena de carne picada de cordero o de cerdo y especiada, o muy especiada, con cilantro ¡Muy rico!

Salimos a la misma hora de siempre y con la misma incertidumbre, ¿Qué nos encontraremos por ahí fuera? Las zonas por las que transitaremos hoy están muy afectadas por el deshielo.

Pasamos por lugares donde las caídas de agua procedentes de los picos más altos llegan a inundar por completo las carreteras y pistas. El día de hoy es un día de compañerismo 100%, sin un compañero de viaje tendrías problemas en muchas de estas zonas. Aquí es donde el grupo pasa a ser un gran equipo.

En esta jornada nos acompañan todo el camino distintos y potentes ríos nutridos por las nieves desheladas de sus enormes cimas. Dos cordilleras nos escoltan a cada lado mientras contemplamos los distintos glaciares que nos rodean. Por cierto, glaciares en los que, contemplándolos sin saberlo, se encontraba atrapado un amigo, Nacho, que vendría a esta aventura así, a la aventura. Sin contar con los guías, mecánicos, vehículo de apoyo, asesoramiento, seguros, etc, que agencias de viajes como la nuestra te facilitan en todo momento. Nacho es un amigo y loco solitario al que le gusta conocer lugares y países en moto, pero solo. -Mira que te lo dijimos, Nacho-. Estuvo tres días para hacer un paso que no le hubiera supuesto más de 4 o 5 horas, pero los desprendimientos y corrimientos de tierra sumados a los aludes sometieron su ruta a cambios radicales. Finalmente, y como no podía ser de otra manera, con la ayuda de amigos lugareños de tan «altas esferas” que le ayudaban cavando y haciendo carril para poder meter la moto en la nieve, él mismo pudo contárnoslo la noche que llegábamos a Keylong. !Sí! estaba por allí tratando de captar algo de señal wifi de un pequeño hotel y casualmente coincidimos !Qué alegría!

Nos quedamos en el camino a Manali, ¿No? Nuestro amigo Nacho con esta hazaña que le podía haber costado el divorcio, su mujer no supo nada de él durante esos tres días, nos ha desviado un poco de nuestra ruta mental.

Continuamos disfrutando de este regalo para los sentidos,  levantamos un poco la cabeza y, como decía nuestro gran amigo Angel Nieto, llevamos la mirada larga para descubrir unos cuantos parapentes rozando los distintos picos que sobresalen al fondo. Sin duda, ¡Estamos llegando a Manali!

Se encuentra a casi 2.000 metros de altitud y es una ciudad del Himalaya que atrae a numerosos amantes de la naturaleza y a entusiastas de las actividades al aire libre durante todo el año. Puedes descender sus enormes laderas con esquís, hacer rafting en su embravecido río Beas, parapente sobre los picos del Himalaya, escalar los acantilados del valle de Solang, relajarte en sus cálidas aguas termales o hacer espeleología explorando templos en las cuevas ¡Como para aburrirte en Manali!

Todavía nos queda un plato, fuerte y muy picante, la subida a Rohtang Pass.

El nombre Rohtang significa «pila de cadáveres» en tibetano, debido al número de personas que a lo largo de la historia han perdido la vida tratando de cruzarlo. Ya estamos otra vez con las traducciones que invitan a irte al sofá de tú casa.

Esta carretera requiere de una atención constante si no quieres tener un susto. La estrechez y dificultad del terreno, la nieve, el hielo en ciertos puntos, el gran número de vehículos transitando y los tramos sin asfaltar hacen que la peligrosidad de este paso sea máxima.

CONTINUARÁ...
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