ESPAÑA – DAKAR 2020 – 4º Capítulo

ESPAÑA – DAKAR 2020 – 4º Capítulo

Desde que el francés Thierry Sabine puso de moda el Rally París-Dakar, cualquier cosa que lleve el nombre de la caótica, bulliciosa y sucia capital de Senegal suena a reto, intriga y aventura. No por ser un mito deja de ser cierto, y en Organizados.net decidimos vivir la aventura y llevar a cabo el España–Dakar 2020.

Por Keko Ochoa

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                                                                          4ª  Entrega

 

Dejábamos el capítulo anterior con todos ya en el hotel  de Nouakchot, la capital de Mauritania. Llegamos sobre las ocho de la tarde, ya de noche y enseguida todos tenemos nuestras habitaciones. Guille me avisa de que Josete no se encuentra muy católico, tiene fiebre, le duele todo y está tiritando en la cama. Llamamos al seguro y lo llevamos al médico en el coche del director del hotel, que se ofrece amablemente a ayudarnos en lo que necesitemos. Sergio es un ingeniero de caminos canario que ha estado trabajando en la construcción de un mega puerto, aquí en Mauritania, y que una vez acabado su trabajo de ingeniero, ha sido “fichado” por su jefe para dirigir este hotel de nueva adquisición. No es por nada, pero se nota en el hotel la mano de un español, en la atención, el restaurante, el servicio, etc. ¡Todo un lujo! Si vais por Nouakchot no dejéis de alojaros en La Medina Restaurant Hotel, o al menos comer o cenar en su restaurante, os prometo que no os defraudará. Un médico francés ha visto a Josete y le ha recetado paracetamol y reposo. Le hemos contado que llevamos tres días de tormenta de arena y ha achacado a eso la dificultad para respirar y las molestias en la garganta del “menetérico” (traducido al castellano, benemérito). Que descanse, que beba mucha agua y que no se le ocurra montar en moto, nos ha dicho el gachó. De momento he dejado a Josete en su habitación, mañana veremos cómo se encuentra.

He bajado a cenar con el resto del grupo y hemos celebrado el 72 cumpleaños de Pepe. Sí, sí, habéis leído bien. ¿Os imagináis una forma mejor de celebrarlo que haciendo un viaje como este? Solo podemos quitarnos el sombrero y desearle ¡que siga así de joven! una cena 10, por cierto. Hemos dado las buenas noches a Perita, que ha decidido alojarse en otro hotel que está a solo 100 metros del nuestro. Su compañero de habitación parece que ronca como un león en celo y en La Medina están completos, no queda ninguna habitación disponible. A las dos de la madrugada mi móvil vibra justo cuando me acababa de dormir, después de descargar las tarjetas de memoria y de repasar con David la ruta y los planes del día siguiente. No lo voy a coger, pienso cuando veo que es Perita quien llama, seguro que está de cachondeo y me quiere vacilar. Por un instante dudo y contesto. La voz de Perita transmite nerviosismo y miedo, vamos que está, como se dice vulgarmente, “cagao”. –Keko, illo, yo de akí salgo pitando. Esto me huele muy mal, akí están fumando porros y bebiendo illo. -Vale tranquilo, le contesto- pásame la ubicación. -Lyo tío este no me deja salir, le dixo ke toy malo nse ke. ¿Os habéis enterado? ¡Yo tampoco! pero lo que está claro es que algo raro pasa en ese hotel, Chez Le Pachá se llama. Estoy a punto de marcar el teléfono de la policía mauritana cuando recibo un whatsapp: “Ya me está abriendo”. Salgo a la puerta del hotel y oigo el motor de la Africa en medio del silencio de la noche. Instantes después Perita aparca la moto junto al resto, tiene la camisa empapada de sudor y cuando se quita el casco, su rostro también sudoroso y enrojecido hablan por sí mismo. -qué mal lo he pasado, ese tío no me quería dejar salir. El hotel está lleno, así que no le queda otra que dormir en la furgo, le dejo las llaves y me voy a la cama, a ver si con suerte descanso unas horitas.

26/02/2020

Hoy solo tenemos 266 km hasta Saint Louis, pero antes debemos superar el reto de cruzar una nueva frontera, la de Mauritania con Senegal y ya os avanzo que es de todo menos sencillo. Josete no ha pasado buena noche, pero se siente con fuerzas para afrontar la penúltima etapa. Siempre tiene la opción de subirse a la furgo, pero de momento decide seguir a lomos de su GS. Antes de partir nos despedimos de Sergio y de su jefe, que ha llegado esta mañana de viaje. Charlando con ellos, nos comentan lo delicado que es aquí el tema del alcohol y les contamos que nosotros llevamos unas cuantas botellas de vino en la furgo para amenizar las cenas, a lo que responden que nos enfrentamos a penas de varios años de cárcel si nos pillan. La próxima vez ya lo sabemos, fiesta en el Barbas para quemar todo el excedente de alcohol antes de salir de entrar a Mauritania. Gracias de nuevo por todo, Sergio, nos vemos el año que viene si es que sigues al frente de este oasis. Tras un pequeño despiste buscando la salida correcta de la ciudad hacia Saint Louis, con la consiguiente bronca de Juanito, ya estamos en la dirección correcta. Hemos dejado atrás el caos circulatorio de Nouakchot y empezamos a rodar con fluidez cuando, de repente, aparece ante mí una vaca decidida a cruzar la carretera ¡sin mirar! En apenas décimas de segundo analizo la situación y decido que la mejor alternativa es frenar todo lo fuerte y rápido que pueda, tengo la vaca justo en medio de mi trayectoria, pero si no he calculado mal, pararé antes de empotrarme contra ella. Ya estoy clavando los frenos cuando veo por el espejo como un misil en forma de GS 1250 se aproxima rápida y peligrosamente por la retaguardia, vuelvo a mirar al frente y ¡zas! Un golpe fuerte y seco arranca mis manos del manillar, dejando la moto sin control. El impacto me ha desplazado al asiento trasero y desde ahí veo como la moto se dirige hacia el arcén derecho. Mi mente trabaja más rápido de lo que yo mismo creo que es capaz y me transmite una información nada halagüeña, para bien o para mal, son varios los accidentes que he tenido en moto y sé lo que viene a continuación: impacto, ruido, dolor, ambulancia, hospital… pero en este caso, la diosa Fortuna no lo ha querido así. La moto y yo hemos chocado con unos densos arbustos, los únicos en cientos de kilómetros a la redonda, que han actuado como si de un colchón se tratase, encargándose de que mi aterrizaje haya sido de lo más suave y confortable. Los que han visto el accidente de cerca no dan crédito al ver que no me ha pasado absolutamente nada. Unas manchas de verdín en chaqueta y pantalones han sido las únicas huellas de tan espectacular revolcón. La moto tampoco ha salido demasiado perjudicada. La moto de Paco ha impactado directamente con la rueda delantera en la trasera mía, arrancando el guardabarros trasero y luego, al chocar con los arbustos, la cúpula también ha roto, arañazos aparte. Un poco de cinta de embalar, unas bridas y a correr. Cinco minutos después del accidente ya estamos en marcha de nuevo. Paco está muy nervioso y compungido por haber sido el malo de la película, que en esta ocasión se ha querido ¡cargar al guía del grupo! Jejeje. Ya le he dicho que estas cosas pasan, son accidentes y como tales, inevitables. Podría haber sido mucho, mucho peor, si en vez de haber salido desplazado a la derecha, hacia el único arbusto de toda Mauritania, lo hubiera hecho hacia la izquierda donde, vaca aparte, venía un inmenso camión en sentido contrario. No hay que darle más vueltas, hemos salido indemnes del percance y ya estamos dando gas para buscar la frontera con Senegal.

Hoy, por fin, el cielo está despejado y ¡no hay viento! Hace calor, rondamos los 40 grados y la arena se ha acumulado en muchos puntos de la carretera, por lo que hay que andar ojo avizor. Pasamos varios tramos en obras y hacemos una pequeña parada para esperar a la furgo en la bifurcación que separa los caminos hacia Rosso y Diama. Aquí se encuentran los dos pasos fronterizos con Senegal y todo el mundo nos ha recomendado hacerlo por la pista de Diama que, además de cruzar un bonito parque nacional, es menos corrupta y complicada de pasar. ¡Pues menos mal! Casi cuatro horas nos ha costado cruzar la dichosa frontera, por no hablar de la cantidad de “peajes” que hemos tenido que pagar hasta que un policía nos ha abierto, ya de noche, las puertas que dan acceso al país de las sonrisas. La pista de Diama ha merecido la pena, un poco de off-road siempre viene bien y en esta época del año la pista está completamente seca, llena de roderas bastante profundas, lo que indica que en época de lluvias, cruzarla en moto debe de ser un auténtico infierno. A mi socio David le ha tocado llevar hoy la furgo y se ha encontrado con una sorpresita al llegar a un control situado a la salida del Parque Nacional. Previamente habíamos pasado el grupo con las motos y unos tipos uniformados nos pidieron lo que se suponía eran 49€ al cambio por cada uno de nosotros, por lo que les dije que yo no llevaba dinero, que venía detrás el jefe con la Furgo y la pasta. Al llegar a la frontera, el jefe de policía me llama, nos metemos en su despacho y, cómo no, me pide dinero. Mientras estamos negociando recibe una llamada y me dice que mi socio se niega a pagar a la salida del Parque. Previamente yo había intentado llamar a David, pero no había cobertura, por lo que no puede avisarle de la situación, así que cuando llegó al puesto y le dijeron que tenía que pagar por las 8 motos, les dijo que él no pagaba ni un céntimo y casi se lía gorda. Al final pagó lo que eran 4,9€ por cabeza y no 49 como creíamos, más luego la cuota de las tribus, el carnet de passage, el seguro, etc. En fin, un chorreo de dinero para salir de un país y entrar en otro y una preocupación menos para el grupo que lo tenía ¡todo incluido!

Decía que ya es de noche cuando nos subimos en las motos para salir de la frontera, a pesar de la buena iluminación de nuestra BMW GS 1250 Adventure, la noche es cerrada y no veo un enorme badén que me hace dar un bote importante, la carretera que nos lleva hasta Saint Louis está llena de ellos y pienso si David los habrá visto a tiempo o si por el contrario la moto de Antonio, que sigue dentro de la furgo, estará rodando dentro. Cuando llegamos a Saint Louis, Jay nos está esperando en la puerta de su hotel, el Siki. Situado en el corazón de la ciudad, este edificio colonial ha sido restaurado completamente, pero aún conserva el espíritu y la magia de la época. La ciudad fue fundada por los franceses sobre una pequeña isla de apenas 2 Km de largo por unos 400 m de ancho y es donde se concentra el patrimonio urbanístico. Pese a que en el año 2000 se inició un plan de rehabilitación al declarar la ciudad Patrimonio de la Humanidad, la mayoría de las calles y casas tienen un aspecto decadente que me recuerdan las calles de la Habana Vieja. Hemos cenado en el restaurante que Jay tiene unas cuadras más adelante y después hemos ido a tomar una copa en uno de los bares de la zona con música en vivo.

27/02/2020

Hoy en el desayuno Josete nos ha dado un buen susto. Parecía que se había atragantado con algo. No podía respirar y ya estábamos a punto de hacerle la maniobra de Heimlich cuando le ha entrado un poco de aire y ha podido explicarnos que se le había cerrado la glotis. Hemos vuelto a llamar al seguro y nos han dicho que nos mandan un médico. Mientras éste llega, el resto del grupo nos hemos ido a dar un garbeo por el barrio de los pescadores, Guet Ndar. Este barrio está en una península, la Langue de Barbarie, unida por un par de puentes con el casco histórico. Esta lengua de tierra es todavía más estrecha que la otra, unos 300 m, y se une por el Norte con el continente. Sus calles están llenas de gente y colorido, pero lo que es todo un espectáculo es la zona de la playa, donde todos los días arriban las barcas con el pescado del día que es vendido in situ en la misma playa. En torno a esto, se monta un gran “rastro” en el que cada uno intenta buscarse la vida como puede, todo ello aderezado con un fuerte olor no apto para pituitarias delicadas, ¿verdad Paco? En cualquier caso, si pasáis por la que fue capital de Senegal hasta 1957, Saint Louis, no dejéis de visitar este barrio, auténtico y colorido.

Volvemos al hotel, los médicos ya han visto a Josete y el diagnóstico es el mismo, gripe. Así que más paracetamol, esta vez con Codeína, para bajarle la fiebre. Estamos a finales de febrero y el Covid19 todavía es cosa solo de chinos, por lo que los síntomas de Josete pasan por una gripe común. ¡Menos mal! si no, nos lo dejan allí en cuarentena. Pese a todo, el benemérito no quiere tirar la toalla en el último round, se atiza otra pastillla, y se une al grupo sobre su GS para afrontar los últimos 254 Km que nos separan de Dakar, previo paso por el Lago Rosa.

Partimos hacia este mítico y sobrevalorado lago, que de rosa tiene poco, cruzando el rio Senegal sobre el puente Faidherbe, que falsamente se ha atribuido al arquitecto Gustave Eiffel, y que une los 500 metros que separan Saint Louis con el continente africano.

¡No se puede cantar victoria antes de tiempo! Para saborear una cerveza bien fría con vistas al Lago Rosa, todavía tendremos que sufrir y sudar, a partes iguales, un poco más y volver a luchar contra la enemiga de este viaje, la arena. A unos 30 Km antes de llegar a Dakar, tomamos “la carretera” que lleva al Lago Rosa. Está entrecomillado, porque de carretera tiene poco. Es un camino sin asfaltar con unos cuantos tramos en donde los bancos de arena esperan silenciosos y pacientes para atrapar a los incautos que por allí decidan pasar, como es nuestro caso. Sin pisar el agua, algunos han remado más que atravesando el cantábrico en trainera, pero al final, todo esfuerzo tiene su recompensa, y una vez sentados frente al lago en el Bonaba Café con una cerveza bien fría, esta vez sí, todos coincidimos en que ha merecido la pena. Ha merecido la pena y lo volveríamos a repetir, tormenta de arena incluida, como dice Pepe. ¿Quién dijo miedo?

Ya solo nos quedan unos 30 Km para llegar a Dakar, allí meteremos las motos y la furgo en un contenedor para embarcarlo rumbo a España, mientras que todo el grupo volverá en avión. Dakar y la Isla de Goré merecen capítulo aparte. Si tengo la ocasión os lo seguiré contando, pero de momento, ponemos aquí punto final a este viaje que ha sido todo un reto en muchos aspectos. Organizados.net vuelve a sumar amigos unidos por una misma pasión, la moto. Y tanto David como yo, volvemos a estar satisfechos y orgullosos del trabajo bien hecho. Paco, Jose, Guille, Pepe, Antonio, Leo, Juanito… gracias por confiar en nosotros y esperamos veros de nuevo a bordo en otro de nuestros viajes. Ha sido un verdadero placer compartir esta experiencia con todos vosotros y esperamos que este reportaje os haya provocado más de una sonrisa. ¡Nos vemos en la carretera!

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