Morocco Adventure 4×4 – 2017

Morocco Adventure 4×4 – 2017

Después de un vuelo tranquilo y de ciertos trámites burocráticos en la aduana marroquí, comenzamos nuestra aventura Morocco Adventure 4×4 – 2017 por el reino alauita.

Esta vez nuestro medio de transporte y diversión serán unos flamantes Toyota Land Cruiser Prado listos para la acción.

Como buenos españoles no quisimos que las neveras con hielo y bebida fresquita faltaran en cada coche. En una maleta, casi blindada, traíamos un cargamento importante de jamón serrano, vino y queso curado.

 

 

 

 

El puerto del Atlas, que comunica a la gran Marrakech con las puertas del desierto, no se encontraba en su mejor estado. Tenía muchos desprendimientos debido a las fuertes lluvias de la semana anterior. Así que nos obligaron a detener los vehículos en varias ocasiones.

 

 

 

 

 

 

Con una bajada de temperatura importante en esta parada, no pudimos evitar una primera “tienta” del manjar que transportábamos en nuestros coches.

El del cigarro con postura puramente marroquí es un amigo espontaneo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Tras la jornada más intensa del viaje, en cuanto a número de kilómetros se refiere, llega la recompensa. Un hotel con un encanto muy especial y una cena entre un montón de amigos deseando comentar el día y expectantes por saber qué descubrirán mañana. Será el colofón a esta jornada.

 

 

 

El tramo por las gargantas de Dades es sencillamente impresionante. Las innumerables vistas que nos va ofreciendo el paisaje en cada una de las paradas nos dejan atónitos. Un té con hierbabuena en un fantástico mirador nos permite hacernos unas cuantas fotos y degustar esta típica infusión.

Todavía seguimos con el chip de la península: el estrés, los móviles, el tráfico. Todo esto no tardará mucho en ir olvidándose durante estos días de aventura.

 

 

 

 

 

 

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A partir de este momento podemos decir que complicaremos un poco las distintas situaciones. Los coches que llevamos son muy fiables y se desenvuelven perfectamente en terrenos complicados. Así que vamos a darles un poco de “caña” para llegar a lugares a los que el hombre no suele acceder.

 

 

 

 

 

 

 

 

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El camino es alucinante y la paz que transmite este lugar nos deja en muchos momentos sin palabra que articular. ¿La otra cara de la moneda? Que a casi 3.000 metros de altitud y con una orografía muy compleja y desolada seguimos encontrándonos familias con niños en situaciones realmente tristes y desfavorables. Muchos de ellos tan solo nos pedían algo de ropa.

 

 

 

 

 

 

 

Después de unas horas por la más absoluta soledad y de disfrutar de ella, nos adentramos en las gargantas de Todra. Esta magnífica obra de arte esculpida por la madre naturaleza y en la que los escaladores cuelgan a modo de adornos como si de un árbol de navidad se tratara.

 

 

 

 

 

 

 

 

No podemos pasar por Tinerhir y no parar a saludar a mi gran amigo Said, “el grito de Africa”, la sonrisa y amabilidad personificada. Es una pena que no puedas leer esta crónica, amigo. Te gustaría. Quizás te la lleve impresa, jeje.

Continuamos camino, ¡el desierto nos espera!

 

 

 

 

 

 

La llegada a Merzouga exige un cambio radical de vehículo. Pasamos del 4×4 a la gran familia, y muy abundante por aquí, de los camélidos. Estos resistentes amigos nos llevarán a nuestros aposentos dando un largo paseo entre las naranjas dunas. Sí sí, una hora adentrándonos en el desierto hasta llegar a nuestra haimas. Tiendas típicas de los nómadas en las que cenamos los platos árabes más típicos y nos reímos en torno a una hoguera hasta que el sueño nos invitó a retirarnos a nuestras camas.

2ª FOTO NEGRA

Ver el amanecer en el desierto es algo indescriptible, pero verlo desde lo alto de una duna, a una hora en dromedario de la población más cercana, no tiene precio.

Nuestro amigos cocineros tuvieron el detalle de preparar un excelente y calentito té que consiguió transportarnos a momentos mágicos. En honor a la verdad he de decir que en este viaje tuvimos la mala suerte de encontrarnos con este día algo nublado. Justo a la salida del sol, una enorme nube cubrió el espectáculo. Por el contrario, el resto del día estuvimos mucho más a gusto sin tanto calor y sol directo.

 

 

 

 

 

Nos volvemos al hotel. Una ducha y un relajado y copioso desayuno nos espera. ¡No demasiado relajados! Estamos en el desierto y son muchas las cosas que tenemos que ver y visitar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vamos a conocer a un poblado Mauritano, antiguos esclavos marroquíes. Conoceremos sus costumbres y modos de vida mientras nos deleitan con sus danzas y cantos al son de un té  con frutos secos. Hasta llegar… oasis, dunas, ríos…¡esto es un parque de atracciones para adultos!

 

 

 

 

 

La mañana la empleamos prácticamente íntegra en recorrer todo el Erg Chebbi por todo tipo de terrenos y algún que otro pinito en las dunas. Pocas veces, pero alguna tuvimos que empujar a los coches.

 

 

 

 

 

 

Ponemos rumbo, todo por pistas por supuesto, a la mina de extracción de fósiles. Marruecos perteneció a los fondos marinos y su riqueza en este tipo de minerales es mayúscula. Una breve visita a la fábrica de tratamiento de dichos tesoros nos permitirá contemplar el resultado final de estos prehistóricos convertidos en lavabos, lámparas, etc.

 

 

 

 

 

 

 

De Erfoud nos disponemos a conocer el mercado más antiguo y animado del desierto que está en la preciosa localidad de Rissani.

Abdul siempre nos recibe con los brazos abiertos y las especias ya casi pesadas y empaquetadas. Merece la pena volvernos a casa con algunos de los productos más exóticos, y difíciles de conseguir, de Marruecos.

Parece que las tripas empiezan a hacer algo de ruido, síntoma de hambre. Nos vamos a probar una pizza marroquí. Es una especie de empanada rellena con kefta, carne picada con innumerables y exquisitas especias árabes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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¡Momento diversión extrema! A las 18:00 horas nos esperaban 12 buggies para recorrer parte del desierto sobre ellos. Adrenalina a tope y risas y más risas. Ver el atardecer en medio del mar de dunas con estos potentes vehículos y rodeados de amigos, es otra experiencia a anotar en nuestros diarios.

 

 

 

 

 

 

 

La cena en el hotel nos espera. Entre risas y un poco de cansancio comentamos todas y cada una de las increíbles experiencias que nos ha ofrecido el día de hoy.

 

 

 

 

 

 

 

 

Hamed y Hassan, grandes amigos y grandes personas que consiguen que nuestra estancia aquí sea casi mejor que en nuestras propias casas. Después de la cena es una tradición pasar a un salón para que estos dos “figuras” nos demuestren como se tocan los timbales y como suenan estas músicas tribales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nos despedimos del desierto de Merzouga y de todos los habitantes que hacen que la estancia aquí sea inolvidable. Ahora nos dirigimos a otro imponente desierto, el de Zagora. Recorreremos todo el valle del Draa para cambiar radicalmente de escenario. Nuestro destino realmente se encuentra en Agdz. Un oasis bañado por el río Draa que cuenta con innumerables palmeras, vegetación y abundantes aves de especies endémicas.

 

 

 

 

 

Este quizás ha sido el día más relajado de todos. Llegamos al hotel a comer y nos dimos un agradable paseo rodeados de palmeras. También un simpático perrito marroquí nos acompañó durante una horas.

Elegimos un hermoso lugar de recreo y relajación frente a unas originales vistas, regado por el, actualmente muy poco caudaloso, río Draa.

 

 

 

 

 

 

 

En vez de slider Kamval

Parece que alguna partida de mus empezaba a gestarse en esta cena, lugar idílico para hacerlo, por cierto. El resto tomarían un “digestivo” y prontito a la cama que mañana hay que madrugar. Nos espera Jammal en Ait Ben Haddou.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ait Ben Haddou. No me cansaré de repetir este bonito nombre ni de visitar esta espectacular fortaleza Ksar. Fue declarada en 1987 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y en ella todavía viven 4 familias, una de ellas la de nuestro, más que amigo,  Jammal.

 

 

 

 

 

 

Podemos decir que somos de los pocos afortunados que comparten mesa con esta humilde y feliz familia bereber que muestran este patrimonio con orgullo y mucha sabiduría.

Tomaremos la ruta de las 1000 Kasbahs. Tramo de unos 70 kilómetros. La mayoría de ellos por pista y que desembocará en nuestro ya conocido puerto del Tichka. Esta vez no pararemos para la foto porque hemos de llegar a Marrakech para seguir viendo y aprendiendo.

 

 

 

 

 

La llegada a la gran ciudad, a Marrakech, trae algún que otro recuerdo de aquellos que ya habíamos dejado atrás. Tales como el ruido, el estrés y la multitud. Ciudad que se ha convertido en un imprescindible de los cuadernos de cualquier viajero que se precie de serlo y que nos recibió en la famosa plaza Jemma El Fna. ¡Un auténtico espectáculo!

 

 

 

 

 

 

 

Unos zumos de granada recién exprimidos, bailarines, percusionistas y un paseo por su colorido zoco fue más que suficiente para abrir el apetito y poner rumbo al Comptoir Darna. Un exótico restaurante muy ambientado en Marruecos y que ameniza la cena con distintas danzas y espectáculos propios del país.

 

 

 

 

 

 

 

Lo cierto es que la noche se alargó un poquito. Marrakech es una ciudad mágica de día y de noche. Su oferta de cuidadas salas donde poder escuchar buena música y tomar una copa es impresionante. ¡No podíamos decir que no!

¡Noche libre!

Las caras que nos encontramos en los desayunos presentaban más síntomas de cansancio que en las jornadas anteriores. La noche de Marrakech sedujo a buena parte de los integrantes del grupo. Lo pasamos genial.

 

 

 

 

 

Llega el momento de decir adiós a Marruecos y a esta aventura en 4×4. El avión nos espera, y nuestras familias también. Quizás sea el momento de traerlas con nosotros la próxima vez…

 



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